La Peor de las Resacas...

Abrí los ojos. Reconocí la habitación, la cama, la ropa regada por todas partes. No, no había dolor de cabeza, ni mareos, ni náuseas. Estaba fresca como una lechuga, literalmente como el Chapulín Colorado. A mi cabeza venían imágenes de la noche anterior: risas altas, música contagiante, caras conocidas y nuevas que por el licor, litros de licor, se hacían más amigables al cabo de un par de horas. Llegué a la cocina al término de mi lucha contra la flojera. Necesitaba mojar mis labios, no importaba si con un jugo de naranja helado o un hirviente café. De pronto sentí una mirada acusadora, frialdad en los ojos y palabras aún más frías. ¿Estabas drogada anoche? Fueron tres palabras, tres dagas que me las daba la mejor de mis amigas, una hermana que sabe todo acerca de mí y viceversa, alguien que con esa pregunta puede llegar a herirme. Mi respuesta fue un NO rotundo. Por supuesto que no, esos “pecadillos” forman parte de mi pasado rebelde, léase vida universitaria. Mi segunda reacción fue preguntarle a qué se debe esa rabia contra mi persona. Ella incrédula ante mis reclamos: “Te acostaste con un tipo que recién conociste ayer en la parrillada”. Mi negación fue desde calmada hasta desesperada. ¿Cómo podía acusarme de algo así? No es que me las quiera dar de Santa Rosa, Mi incredulidad dio paso a la rabia, ¿Cómo podía acusarme?, mi memoria viajaba, tenía que recordar cada instante de esa noche para escupirle la verdad en la cara a mi ahora ex amiga. La reunión tenía como invitados especiales carne, chuleta, costillas, morcilla y otros excesos, y estaba programada a partir de las nueve de la noche. Debo confesar que en esa fecha no tenía mucho que celebrar así que me distraje yendo de compras. Al llegar, el baño de rigor, la indecisión de la vestimenta, el maquillaje, los accesorios, el chequeo en el espejo, y tantas cosas que hacemos las mujeres para vernos como salidas de una carátula de Cosmopolitan (o por lo menos creerlo). Mi sorpresa fue mayúscula, la comida estaba asegurada para un ejército y ni qué decir del líquido elemento. Había de todo. La copa a medio tomar encima de la tele de mi cuarto hacía innegable que yo había disfrutado de bebidas intoxicantes la noche anterior, había que darle la razón en algo a mi querida acusadora. Pues bien, bebí no sólo el fruto de la vid, también recordé tener un vaso de naranja acompañado de vodka, pero fue ¿uno?, ¿dos?, ¿tres?, no podría acertar cuantos fueron pero eso no quiere decir que mi disfrute por los placeres alcohólicos me lleve directamente a los brazos de… ¿Cuál era su nombre? Recuerdo voces que trataban de dialogar conmigo, ¿o trataban de prevenirme de algo?, no lo sé. Todo es confuso, cierro mis ojos, escucho: “Estás desatada amiga, eso se llama acoso”. Se referían a que yo estaba detrás de… ¡ya me acordé de su nombre! Alex. Sí, bebí con él, reímos, le hice un pequeño tour por el apartamento, y luego a mi habitación. ¿Qué pasó con mi mosquitero?, el objeto que me transportaba al país de Alí Babá estaba a un lado de la cama tirado y abandonado. ¿Qué pasó? Lo observo bien, tiene una parte rasgada. ¿Será posible que alguien haya invadido mi espacio y osado maltratar un objeto tan preciado por mi? La respuesta negativa en los rostros de mis compañeras de casa me dicen lo contrario. No estuve sola allí. Mis dudas y miedos crecían con las acusaciones de mi roomate. Como no puedo acordarme de haber tenido relaciones con un tipo con el que compartí unas cuantas sonrisas y bebidas. ¿Hasta dónde pueden llevar unos tragos de más? Cuando todo parecía perdido apareció una luz en el camino, mi amiga acusadora se había acostado temprano, ¿Cómo puede afirmar algo si ella estaba totalmente inconsciente en su habitación? Me armé de valor una vez más, forcé las mejores de mis sonrisas y se lo dije. Pero no, ella ni siquiera parpadeó, el acto fue presenciado por otra de mis incondicionales, Natalia, quien evitó que se consumara el hecho. Según ella me vio entrando en el cuarto, ella tocó la puerta pero nadie le abrió, así que entró. Según sus propias palabras yo estaba semi desnuda y me obligó a vestirme, y al marcharse avisó a la hasta entonces bella durmiente para vigilarme. No entendía nada ¿esa fui yo? debe haber un error. Me terminaron de contar la historia. Luego de despertar, Juana (mi amiga acusadora) botó a Alex creyendo salvarme de un supuesto violador, pero acaba de enterarse que era un acto entre dos adultos irresponsables. Hasta el día de hoy no recuerdo que sucedió esa noche. No ha sido la primera vez que he tenido una laguna en mi vida, pero es la primera vez que me sentí realmente humillada porlo que podían pensar de mí las personas que quiero mucho, y creo que ellas a mí.

Terremoto dijo
HEY BEBA.
TEN CUIDADO CON EL SIDA, QUE ES COSA SERIA
8 Septiembre 2007 | 08:33 PM